¿Cuál es la relación entre su iglesia local y otra iglesia en el mundo?

Junto a este artículo considero cómo las diferentes iglesias deberían integrarse. Aquí queremos preguntar qué la hace a cada una independiente.

Podemos responder eso preguntando qué hace que nuestra relación con otros miembros de iglesias sea diferente de nuestra relación con cristianos que pertenecen a diferentes iglesias. El llamado bíblico a amar, orar, dar, imitar, quizás incluso instruir y reprender a otros cristianos es a duras penas restringido a los miembros de nuestra propia iglesia. ¿Entonces qué hace que la relación sea diferente?

DISCICIPLINA Y QUIÉN TIENE LAS LLAVES

La respuesta rápida es decir que los miembros de su iglesia pueden participar en su excomunión en una forma que otros cristianos no pueden. Una ofensa no resuelta debe ser llevada a la iglesia (Mateo 18:15-17). La independencia de la iglesia local, por consiguiente podríamos suponer, tiene algo que ver con el hecho que la iglesia local es el lugar donde ocurre la disciplina en la iglesia.

Pero hay un cuadro más grande que pertenece a quien tiene las llaves del reino, y vale la pena tomar la ruta más grande para agarrar todo el escenario.

Los campeones teológicos en la Asamblea de Westminster pasaron varios días debatiendo sobre quien en la era post-apostólica tiene las llaves que Jesús originalmente le dio a Pedro (Mateo 16:19), puesto que entendieron que las llaves representan, por lo menos, el poder de la excomunión. Y el poder de la excomunión es la autoridad más alta en una iglesia, así como el poder de la espada es la autoridad máxima en una nación. Todo el poder en una nación deriva de la autoridad para terminar con una vida, de la misma forma, todo el poder en la iglesia deriva de la autoridad de remover a alguien de la membresía, incluyendo la autoridad de recibir miembros, escoger pastores y adoptar una declaración de fe. Cualquiera que tenga el poder de la excomunión tiene el poder de hacer aquellas otras cosas, o por lo menos, decidir quién las hace.

La mayor parte de los presbiterianos en la Asamblea argumentaron que los presbiterianos tenían las llaves. Los pocos congregacionalistas presentes – los “hermanos discrepantes” – argumentaron que las llaves eran sostenidas por toda la congregación junto con los ancianos (Gracias a Hunter Powell por la lección de historia.)

Al ver fijamente a Mateo 18:15-20, discutiría con los discrepantes el hecho que Jesús pone las llaves directamente en las manos de la iglesia local – donde haya dos o tres formalmente reunidos en Su nombre. En la narración de disciplina de Jesús, la ekklesia – la asamblea – provee la última corte de apelación cuando la profesión de una persona no hace juego con su vida.

Posteriormente en el Nuevo Testamento vemos que los ancianos deberían ser separados para la enseñanza y supervisión, lo cual sugiere que ordinariamente conducen a la iglesia en el uso de aquellas llaves. Incluso diría que la iglesia necesita ancianos que ejerzan con responsabilidad las llaves. Pero finalmente las llaves le pertenecen a toda la congregación. Ningún texto en el Nuevo Testamento vincula explícitamente la supervisión de los ancianos con las llaves del reino de la forma en que Mateo 18 claramente vincula las llaves con toda la congregación. La autoridad de los ancianos es real, pero es una autoridad diferente de la autoridad congregacional.

Sea que esté o no convencido de que cada miembro unido sostiene las llaves o que sólo la tengan los ancianos de una iglesia, lo que debería ser claro es que ningún cuerpo exterior, sea un presbiterio u obispo, interviene en Mateo 18. Sólo la iglesia local tiene las llaves.

La independencia de la iglesia local, en resumen, reposa directamente en el hecho que es la iglesia local que tiene las llaves del reino.

LAS LLAVES Y LAS COSAS DEL CIELO

¿Entonces qué son exactamente estas llaves del reino que sirven para atar y desatar? He argumentado en todas partes que las llaves representan la autoridad para edificar la iglesia en la tierra en nombre de Jesús declarandoqué y quiénes pertenecen al reino del cielo – qué es una confesión correcta del evangelio, y quién es un confesor correcto. Con seguridad la predicación está grandemente relacionada con el ejercicio de las llaves e incluso podría decirse que forma una parte implícita de su ejercicio. Pero hablando estrictamente, diría que el ejercicio de las llaves es el pronunciamiento de un juicio. Es una atadura o liberación legal o judicial. Es la decisión de la iglesia determinar qué constituye una confesión correcta y quién es un verdadero confesor.

En otras palabras, las llaves son puestas en práctica siempre y cuando

una iglesia decida sobre una confesión de fe que atará a todos los miembros de la iglesia,

una iglesia admita a un miembro,

una iglesia excluya a un miembro.

El portador de las llaves – la iglesia – es llamada a evaluar la vida de una persona y la profesión de fe y luego hacer un pronunciamiento público y sancionado celestialmente afirmando o negando la ciudadanía de una persona en el reino y la inclusión en la iglesia.

El ejemplo supremo de esto es el intercambio de Jesús con Pedro. Jesús le preguntó quién ellos pensaban que era Él, Pedro hizo una confesión y luego Jesús afirmó tanto a la confesión como a Pedro (“no te lo reveló carne ni sangre… tú eres Pedro,  y sobre esta roca…”). El mismo tipo de conversación ocurre en Mateo 18, sólo que en reversa. Jesús prevé una situación en la cual una iglesia gradualmente determinó que el qué de una confesión evangélica no hace juego con el quién de un confesor evangélico.

Lo que todo esto significa es que cada iglesia local es independiente de cualquier iglesia en la tierra porque Cristo le ha dado a cada congregación la autoridad de declarar antes las naciones el qué y el quién de las cosas del cielo.

La iglesia local no es un edificio. No es el lugar donde va una vez a la semana para obtener un susto espiritual. Es el lugar dond el cielo llega a la tierra, y se hablan las verdades del cielo y las cosas del cielo se manejan y la gente del cielo encuentra vida y comunión. Nuestras iglesias son embajadas del reinado del cielo dispersado por todas las naciones de la tierra.

¿Qué significa de manera práctica todo esto?

UNA IGLESIA AFIRMA QUIÉN REPRESENTA A CRISTO

Una iglesia es una metáfora útil para una iglesia local porque una embajada no lo hace a uno ciudadano, sino queafirma que alguien es un ciudadano. Le pone el sello al pasaporte cuando expira.

Además una embajada hace que el reinado de una nación sea visible dentro de otra nación. Puede ver el edificio, la bandera, los pasaportes, el personal del embajador, los soldados con armas parándose en las puertas de la embajada. Además la autoridad de una embajada es, en cierto sentido, independiente dentro de una nación anfitriona.

De la misma forma, la autoridad independiente de la iglesia local hace que el reinado del reino de Cristo sea visible en el planeta tierra puesto que ejercita las llaves, lo cual hace a través del bautismo y la cena del Señor. Las ordenanzas realizan la recepción y destitución de los miembros por la autoridad de las llaves visibles. Llámelas pasaportes cristianos.

Bautizar a alguien es identificarlo por nombre con el nombre del Padre, Hijo y el Espíritu. Darle a alguien la cena del Señor es afirmar su membresía en el cuerpo de nuestro Señor.

Implicación práctica 1: Las ordenanzas deberían ser practicadas en el contexto de la congregación reunida. Si la congregación reunida sostiene las llaves, y si las llaves son ejercidas a través de las ordenanzas, entonces las ordenanzas deberían ser practicadas en el contexto de la congregación. El bautismo y la cena del Señor no son experiencias místicas privadas en las cuales cerramos nuestros ojos y sentimos la presencia especial de Jesús. Son proclamaciones colectivas y en público sobre la identificación y pertenencia. Juntos declaramos que el nombre de Dios está sobre nosotros (Mateo 28:19); juntos declaramos nuestra unión con la muerte y resurrección de Cristo (Romanos 6:1-2); juntos declaramos su muerte y nuestra membresía en Su cuerpo (1 Corintios 11:18-19, 27-33). Las ordenanzas no son para las familias cristianas, los campamentos de jóvenes o incluso grupos pequeños. Son actividades de la congregación.

Implicación práctica 2: Generalmente el bautismo es para la membresía. Con la excepción de escenarios en los cuales no existe una iglesia local (e.g. el eunuco etíope en Hechos 8), es irresponsable (y no es bíblico) bautizar a una persona – y así afirmar su profesión de fe ante las naciones – y luego dejarlo sin que cuente para una iglesia local. ¿Quién asegura que permanezca fiel a su profesión? ¿Cómo es que esta persona afirmada con el bautismo puede ser excomulgada si no está dentro de una iglesia?

Implicación práctica 3: Los cristianos deberían pertenecer a las iglesias locales. Los cristianos no tienen la autoridad de declararse los representantes de Jesús. La iglesia tiene esta autoridad, la cual generalmente ejercita dispensando la cena del Señor a sus miembros. (Lo cual no es decir que la iglesia no puede proveer la cena del Señor a miembros visitantes de otras iglesias en nombre del reconocimiento del cuerpo más amplio de Cristo). Además, mantener la credibilidad de la profesión de fe de uno requiere que un creyente permanezca bajo la supervisión de una iglesia.

Implicación práctica 4: Las iglesias deberían examinar a aquellos que reciben como miembros, y mantener la supervisión en nombre de la disciplina importante. “¿Quién dicen ustedes que soy yo?” Jesús le preguntó a Pedro. Hoy en día en las iglesias los ancianos deberían entrevistar a los candidatos posibles para la membresía. Además una iglesia debería trabajar arduamente para asegurarse de rendir cuentas por el bienestar familiar de cada miembro.

Implicación práctica 5: La disciplina funciona mejor en el cuadro de la rendición de cuentas, lo cual significa que la disciplina funciona mejor en el contexto de la congregación local. Crecemos como creyentes a través de la disciplina de la iglesia formativa y correctiva – enseñanza y corrección.

UNA IGLESIA AFIRMA UNA CONFESIÓN CORRECTA

La independencia de la iglesia local también se halla en el hecho que el Rey Jesús le ha autorizado a cada iglesia local para que afirme la fe de los creyentes que hagan una confesión de fe.

Otros cuerpos en la historia de la iglesia han escrito confesiones o credos que luego son usados para atar a las iglesias y para que sean lo que crean los miembros – desde el concilio apostólicamente único en Jerusalén en Hechos hasta el concilio de Nicea y la Asamblea de Westminster. Pero bíblicamente el cuerpo legítimo en una era post-apostólica que ejerce las llaves en esta confesión es la iglesia local.

Implicación práctica 6: Las iglesias se reúnen alrededor de la predicación de la Palabra. Cuando la iglesia se sienta bajo la predicación de la Palabra y el evangelio aprende a ejercer la responsabilidad de las llaves – evaluando tanto el quién y el qué del evangelio.

Implicación práctica 7: Las iglesias deberían establecer una clara declaración de fe. Eso mismo que une a una iglesia con otras iglesias – su confesión de la fe en el evangelio – también hace independiente a cada iglesia. Puesto que se le han dado las llaves a la congregación, cada miembro de la congregación reunida es responsable de afirmar una declaración de fe, una responsabilidad que encaja cómodamente con el sacerdocio de todos los creyentes. De hecho, es este acto de afirmación colectiva de una declaración de fe (a través de las ordenanzas) por la cual un grupo de cristianos se constituye como una iglesia local.

Por otro lado, el hecho que una declaración de fe en el evangelio es lo que une una iglesia con otra iglesia cristiana sugiere que es sabio emplear credos o confesiones históricas en su declaración oficial de fe. Independientemente debemos afirmar una declaración pero debería ser una declaración que sea (o por lo menos pueda ser) ampliamente compartida por los cristianos a lo largo de las eras.

Implicación práctica 8: Las iglesias deberían escoger a sus pastores. En Gálatas 1, Pablo reprende a las “iglesias de Galacia” por abandonar el evangelio. Él no se dirige a los ancianos o pastores, se dirige a las congregaciones. Finalmente son responsables de asegurarse que se predique la doctrina correcta, la cual por implicación, sugiere que la asamblea debería tener la última palabra al afirmar quiénes sean los maestros de la Palabra.

UNA IGLESIA ADMINISTRA LA GRAN COMISIÓN

Finalmente, la independencia de la iglesia se encuentra en el hecho que el Rey Jesús le ha comisionado a cada iglesia local que cumpla la gran comisión y que equipe a sus santos para lograr la tarea. Por supuesto esto no significa que una iglesia hace esto estando separada de la cooperación con otras iglesias, pero la iglesia local es la locación primaria donde se realiza la Gran Comisión, y la cual tiene la autoridad independiente para administrar esta obra a través de las ordenanzas.

Implicación práctica 9: La membresía de la iglesia debería ser tratada como un oficio. Es un trabajo. No es una conexión casual con una sociedad voluntaria como un club campestre, donde viene por los beneficios siempre y cuando los pagos no sean altos. Es ciudadanía, y la ciudadanía es un oficio de la forma de gobierno. Una vez que una iglesia ha afirmado a una persona como Representante de Jesús y miembro, ese miembro llega a ser responsable de supervisar a los otros creyentes de la fe.

Imagine el pasaporte de una persona siendo sellado en el escritorio de una embajada, y luego la persona va al otro lado del escritorio para que forme parte del trabajo de la embajada. En otras palabras, parte del cumplimiento de la Gran Comisión para el cristiano es ser responsable de los otros miembros de la iglesia para que las llaves sean ejercidas de manera responsable.

Sí, usted, cristiano, es responsable de los otros miembros que se reúnen en el salón del domingo por la mañana, de si continúan o no en el andar de la fe. ¡Entonces conózcalos! Es así que cuando aceptamos esta responsabilidad formal por el quién y el qué de los otros discípulos que nosotros mismos crecemos como discípulos y ayudamos a otros a crecer.

En resumen, la responsabilidad y autoridad van de la mano, así como un cuidante con la responsabilidad de limpiar un edificio que tiene la autoridad sobre las llaves del edificio a fin de abrir todas las puertas. Cristo le da a cada cristiano la responsabilidad de hacer discípulos en Mateo 28. De manera maravillosa ya le ha dado a cada cristiano la autoridad conjunta de cumplir la responsabilidad dándole a toda la congregación las llaves de regreso en los capítulos 16 y 18.

Implicación práctica 10: La obra básica de una iglesia es equipar a los santos para hacer la obra de este oficio. Es verdad que conferencias, libros y amigos cristianos pueden ser maravillosamente usados para equipar a los cristianos para la obra del ministerio. Pero la iglesia local y sus oficiales serán llamados para dar cuentas de tal trabajo (Efesios 4:11-12, Hebreos 13:17).

CONCLUSIÓN

Las iglesias deberían trabajar unidas para cumplir la gran comisión porque invocan al mismo Señor y comparten una confesión del evangelio común. Este es el argumento del artículo de compañía.

Al mismo tiempo, el hecho que Cristo ha puesto las llaves del reino en las manos de toda la congregación significa que cada iglesia tiene una autoridad independiente para ejercer la autoridad de Cristo en el qué de las confesiones por el evangelio y el quién de hacer discípulos.

Fuente: Jonathan Leeman, miembro de la Iglesia Bautista Capitol Hill, sirve como director editorial en 9Marks y es el autor de Church Membership: How the World Knows Who Represents Jesus [Membresía en la Iglesia: Cómo es que el Mundo Sabe Quién Representa a Jesús].

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