¿Que Tiene De Malo La Psicologia? Algunas personas se acercan con los creyentes (sobre todo con los pastores) pidiendo consejo.  Ocurre que si les damos algo superficial – estaré orando por tí, lee tal versículo, nos vemos la próxima semana- lo más probable es que ya no vuelvan.  Quizá no es eso lo que ocurre, sino que no sabemos qué responder o cómo ayudar a esas personas; nuestra impotencia nos desespera…y nos piden si pueden ir con un  psicólogo.  Pero les respondemos que no, y nos dicen “¿por qué?”; rápidamente les decimos que estaría mal hacerlo, y nos dicen “¿qué tiene de malo?”.  Realmente, ¿qué hay de malo en la psicología, en la psicoterapia, terapia de grupo, psiquiatras, etc.?.

Primeramente, la psicología no tiene las herramientas necesarias para ayudar realmente a la gente.  La palabra psicología significa literalmente “estudio del alma”.  Un verdadero estudio del alma no lo pueden hacer los incrédulos.  Sólo los cristianos cuentan con los recursos para comprender la naturaleza del alma y cómo se puede transformar.  La sicología está basada en suposiciones ateas y fundamentos evolucionistas y es capaz de tratar con la gente sólo de manera superficial y a nivel temporal.  Sigmund Freud, padre de la psicología moderna, maquinó la psicología como sustituto de la religión.  Sus bases tienen sus raíces en su humanismo:

La naturaleza humana es básicamente buena.
Las personas tienen la respuesta a sus problemas dentro de sí mismas.
La clave para entender y corregir las actitudes y acciones de una persona está en alguna parte de su pasado.
Los problemas de los individuos son el resultado de lo que alguien les ha hecho.
Los problemas humanos pueden ser puramente sicológicos en su naturaleza, sin relación con ninguna condición espiritual o física.
Las Escrituras, la oración y el Espíritu Santo son recursos inadecuados y simples para solucionar ciertos problemas.

Todo esto (que propone la psicología) es claramente contradicho por la Biblia.  ¿Vamos a mandar a una persona en Cristo a buscar la solución en otra  que no tiene, y hasta niega a Cristo?.  Es la Biblia -debe ser- el único “libro de texto” (como diría Jay E. Adams) para un verdadero estudio del alma.  Si es que “…todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder…” (2P.1:3), ¿por qué recurrir a un psicólogo?.  Es cierto que toda la Escritura es inspirada, pero también es cierto que toda es útil, a fin de que el hombre de Dios esté “enteramente preparado para toda buena obra” (2Ti.3:16-17).  Ambas, la psicología y la Biblia, buscan un cambio en el individuo: la psicología para que se sienta “bien”, para que se sienta “liberado” (aparte de dinero a los que la ejercen), pero la Biblia para que seamos como Jesús, semejantes a El (Fil.3:10; 2P.3:18).  “No es Psicología para la vida lo que se necesita para vivir, sino las Escrituras, después de todo. ¿Cómo pueden Freud, Rogers o Skinner -hombres que aborrecían la Biblia y el cristianismo y desarrollaron sistemas que no sólo prescinden de Dios sino que se oponen a sus enseñanzas- ayudar a sus miembros descarriados, sufrientes y pecadores a arrepentirse y a crecer en la gracia? ¿Cómo pueden los consejeros que se basan sobre estos sistemas ayudar a los miembros de su congregación a mostrar los frutos del Espíritu, cuando estos métodos ni usan la Palabra del Espíritu ni se basan en El -de quien Cristo dijo que es el gran Consejero- para proporcionar ayuda?…La ruta de enviar a sus miembros para que sean pacientes de un psiquiatra no es satisfactoria, y hay buenas razones que la explican” (1).

La psicología no sólo carece de las herramientas necesarias para ayudar a la gente, sino que también no le interesa producir arrepentimiento (un cambio para bien) en la persona. Debemos de tener mucho cuidado en dejar introducir en la iglesia terminología nueva, claramente antibíblica.  Por ejemplo, “salud mental y emocional”, para algunos, no sólo es frase de moda, sino que es el equivalente a madurez espiritual.  Al pecado algunos ya lo llaman enfermedad (¿borracho o alcohólico?), por eso la gente piensa que lo que necesita es terapia y no arrepentimiento.  Al pecado común ya lo denominan conducta adictiva o compulsiva, y muchos suponen que la solución está en un tratamiento más que en la corrección moral.  Mi profesor de sicología, ante un hipotético caso de “joven mentiroso”, sugirió que la posible razón de tal conducta era que el muchacho buscaba vengarse de su pasado, además de haber tenido quizá un padre pasivo y una madre sobreprotectora, que lo que necesitaba era terapia para superar ese “problema”.  En la clase escuchábamos asombrados la respuesta del “maestro”, que prácticamente daba permiso al muchacho para desobedecer al claro mandamiento de “desechar la mentira y hablar la verdad con nuestro prójimo” (Ef.4:25), aparte de culpar a los padres.  Un consejo así pide tolerar el pecado en la iglesia hasta que la terapia haga efecto…¿cuándo sería eso?.  “Dios ordena cambios en todas partes, en las Escrituras: ‘como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir’ (1P.1:14-15); ‘…ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente’ (Ef.4:17); ‘…creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador…’ (2P.3:18). Podría continuar, pero ya sabéis que es verdad lo que digo. Lo que quizá no habéis comprendido, sin embargo, es que cada exhortación bíblica, cada insistencia sobre cambio, implica esperanza. Dios nunca exige de sus hijos lo que no ha provisto para que ellos lo tengan a disposición. No sólo somos salvados por la gracia, sino que nuestra santificación (esto es, nuestro crecimiento continuado y apartamiento del pecado hacia la justicia) como cristianos es también el resultado de la gracia de Dios…(sus) instrucciones se encuentran en las Escrituras; el poder que tienen los cristianos de vivir conforme a ellas lo provee su Espíritu” (2).

Finalmente, la incapacidad de la psicología para ayudar a las personas se deja ver en que no tiene un patrón fijo de terapia o tratamiento;  y es que no es un cuerpo uniforme de conocimiento científico (como la termodinámica o la química), sino una colección compleja de ideas y teorías, muchas de ellas contradictorias, por lo que es difícil considerarla una ciencia.  Sería más una invención humana destinada a explicar, diagnosticar y tratar problemas de conducta sin analizar aspectos morales y espirituales.  Como cualquier otra cosa creada por el hombre, cambia.  Hace poco salió en la televisión una interesante terapia para “trabajadores tensos”, hecha en la India: la terapia de la risa.  Esto sin contar a los que sugieren gritar para desahogarse, tema sobre el  que hasta se escribió un libro (“El grito primario”, Arthur Janov, Dell, NY, 1970).

Pero si lo que quiero es una solución inmediata, “ni siquiera tengo tiempo de conocer todos los sistemas, con sus presupuestos, principios y prácticas, y mucho menos ponerlos a prueba. Hay los freudianos clásicos, los freudianos dinámicos, los neofreudianos, los terapeutas de la realidad, los terapeutas radicales, los terapeutas emotivo-racionales, los terapeutas de la Gestalt, los terapeutas del contrato, los terapeutas del grito primario, los laingianos, los analistas transaccionales, los skinnerianos, los behavioristas, los rogerianos, los terapeutas de grupo, los terapeutas de familia, etc., etc., etc. ¿Cómo es posible que sepa que lo que estoy haciendo está bien?.  Y pensemos por un momento en el  pobre aconsejado-yendo aturdido de un consejero a otro buscando a alguien que pueda ayudarle. En el proceso se le diagnostica y se le rediagnostica y se le maldiagnostica. Es posible que se le diga que está enfermo, o que ha sido “socializado” de modo defectivo por sus padres y compañeros, o que ha sido condicionado de modo falso, o que su dificultad es genética…o una educación deficiente, o comportamiento aprendido, o inmadurez emocional…o cualquier otro origen. (Se) le medicará en formas…variables. ‘Que salga todo a la superficie’, dice uno. ‘Hay que unificarlo todo’, dice otro. ‘Dime sobre tu infancia, tu vida sexual y tus sueños’, dice otro. ‘Tomas estas pildoritas cuatro veces al día y vuelve dentro de seis semanas’…o ‘…busca un hombre con el cual puedas tener relaciones sexuales satisfactorias’. ‘Necesitas una serie de tratamientos de electrochoque’…o ‘el hipnotismo será útil aquí’, o…’tienes que verbalizarlo, habla, habla’, o ‘grita’…o…¡bueno!, en realidad, esto es lo que a uno le vienen ganas de hacer cuando escucha una serie de consejos tan variados y…son sólo una pequeña muestra del total.

En el proceso hay personas que han recibido el consejo de orinar sobre la tumba de su padre, darle de puñetazos a la almohada hasta que salen las plumas volando, pedir el divorcio si no se lleva bien con el cónyuge o cualquier cosa que alguien sea capaz de imaginarse…Si los médicos estuvieran tan divididos y confusos, ¿les confiaríamos nuestro cuerpo?” (3).  Si no lo haríamos, ¿por qué confiamos nuestra vida espiritual a estos charlatanes, o le pedimos a la gente que lo haga?.  ¡Son la Palabra de Dios, y su promesa lo que el escritor de Hebreos nos dice que no cambia! (He.6:17-18).  Esto nos lleva a una decisión, como creyentes y/o pastores: estudiar con mayor dedicación las Escrituras, a fin de poder “alentar a los de poco ánimo y sostener a los débiles” (1Ts.5:14).

(1)  Jay E. Adams, La práctica de aconsejar, Editorial CLIE, 1984, págs. 15-16.
(2)  Adams, ibid., págs.32-33.
(3)  Adams, ibid., págs. 26-28.

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