La Muerte de Cristo, el verdadero significado. El profeta Isaías de corazón declara la verdad cuando dijo:“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada” (53:10). Dando una definición de la expiación, deben notarse varios artículos.

La Muerte de Cristo es Vicaria

Es evidente que Cristo no murió por sus propios pecados (Jn. 8:46; He. 4:15; 1 Pe. 2:22). En todas partes se ha dicho que murío por los pecados de otros. (53:5 ss.; Rom. 5:8; 1 Cor. 15:3; 2 Cor. 5:21; 1 Pe. 2:24; 1 Pe. 3:18; Mr. 10:45; Jn. 10:11.

Él murió en lugar nuestro como el verdadero cordero Pascual (Ex. 12; 1 Cor. 5:7) y fue la verdadera ofrenda por el pecado (Is. 53:10) en la que unos del Antiguo Testamento fueron limpiados (Lv. 6:24-30; He. 10:1-4; comparar también con chivo expiatorio, Lev. 16:20-22).

La Muerte de Cristo es para la Satisfacción

Desde que la santidad es un atributo principal de Dios, es razonable que él satisfaga la ofensa del pecado. La muerte de Cristo suministra esta satisfacción.

Satisface la justicia de Dios

El hombre ha pecado contra Dios y ha incurrido en trasgresión y condenación. Dios exige debidamente una pena por la ley quebrantada. Él no puede librar al pecador hasta que las demandas de justicia sean satisfechas. Dios debe castigar el pecado. Dios no acepta, aparte de la substitución, la libertad del culpable (Ex. 34:7; Num. 14:18).  Sólo a través de la muerte de Cristo es como Dios ha podido justificar al pecador (Rom. 3:25ss.). De todas formas Dios lo hace, su justicia debe mantenerse; la muerte de Cristo ha satisfecho totalmente la demanda de justicia de Dios.

Satisface la ley de Dios.

Pero la muerte de Cristo no solamente ha satisfecho la justicia de Dios, Sino también ha satisfecho la ley de Dios. La ley de Dios esta conectada con la misma naturaleza de Dios, y la trasgresión de esa ley trae una pena. El pecador no puede satisfacer las demandas de la ley divina, pero Cristo, como nuestro representante y sustituto, lo hizo.

Esto envuelve la expiación.

Así la muerte de Cristo es una expiación y una propiciación

Esto envuelve la propiciación

El Nuevo Testamento representa la muerte de Cristo como la satisfacción de la ira de Dios (Rom. 3:25; He. 9:5; 1 Jn. 2:2, comp. 4:10; He. 2:17)

Esto envuelve la reconciliación

Las dos ideas parecen estar relacionadas con nosotros como causa y efecto; la muerte de Cristo fue “propiciada” por Dios, y como resultado Dios “reconcilia”

El pensamiento es algo así. Al principio Dios y el hombre estaban de pie frente a frente en armonía perfecta. Pecando, Adán dio la espalda a Dios. Entonces Dios dio la espalda a Adán. La muerte de Cristo ha satisfecho las demandas de Dios y ahora Dios ha dirigido su rostro de nuevo hacia el hombre. Aun el hombre permanece dando la espalda a Dios. Desde que Dios se ha reconciliado por la muerte de su Hijo, el hombre debe reconciliarse con Dios ahora. En el sentido más grande de esa palabra, Dios se ha reconciliado con él, no sólo el hombre, sino también todas las cosas que están en el cielo y en la tierra (Col. 1:20). Debido a esta conciliación, Dios envía bendiciones temporales sobre los no salvos (Mt. 5:45; Rom. 2:4), les extiende una oportunidad a los hombres para arrepentirse (2 Pe. 3:9)

Es un Rescate

La muerte de Cristo es representada como el pago de un rescate. La idea de rescate es el pago de un precio para poner a otro a salvo gratuitamente. (Mt. 20:28; Mr 10:45; Lc.1:68; 2:38; He. 9:12)

La escritura enseña que somos redimidos por medio de la muerte de Cristo.

La redención es (1) multa por la infracción de la ley, o como Pablo dice en el Gá. 3:13, “la maldición de la Ley,” la maldición ha sido tomada por Cristo en vez de nosotros;

(2) Hemos muerto a la ley del cuerpo por la muerte de Cristo (Rom. 7:4), Para que estemos bajo la gracia (Rom. 6:14);

(3) Librarnos del poder del pecado y no sigamos sirviendo al pecado (Rom. 6:2, 6; Tito 2:14; 1 Pe. 1:18ss.), para que no estemos más sometidos al poder del pecado (Rom. 6:12-14);

(4) es escapar de Satanás y de su cautividad (2 Tim. 2:26), igualmente a través de la muerte de Cristo en el la cruz (He. 2:14ss.); y

(5) de todo el mal, físico y moral, incluyendo nuestro presente cuerpo mortal (Rom. 8:23; Ef. 1:14), para estar totalmente completos en el retorno de Cristo (Lc. 21:28). El término “redención” a veces alude al pago de una deuda y a veces a la liberación de un cautivo. El sacrificio de Cristo mantuvo ambos.

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