Dañando la Misión. Los últimos 12 años he tenido la gran oportunidad de servir en los Equipos de Liderazgo Senior de algunas de las iglesias más destacadas y de crecimiento más rápido en el país. En ese tiempo he observado vez tras vez que una de las inclinaciones más destructivas del crecimiento de la iglesia y el avance del Evangelio es el simple hecho que las personas en el equipo de la mayoría de las iglesias son muy buenos el uno con el otro.

Cinco Formas en las que la Buena Gente Daña la Misión de la Iglesia

1. La buena gente tiene la tendencia de contratar personas que les gustan en lugar de personas que vayan a hacer avanzar la misión de la iglesia. En otras palabras, está bien perder siempre y cuando esté perdiendo con los amigos.

2. La buena gente evita el conflicto y al hacer eso no explota las mejores ideas de sus equipos.

3. La buena gente mantiene a la gente en sus equipos incluso después que el trabajo ha superado su capacidad. Esto no sólo retrasa la misión sino que expone la debilidad de la persona y daña a la misma persona que están tratando de proteger.

4. La buena gente no confronta los crudos hechos y como resultado se lleva a cabo una “conversación de pasillo” y así la falta de unidad comienza a socavar la misión.

5. La buena gente sacrifica al rebaño por amor a una oveja. Esto sucede cuando permite que una persona cante, la cual no sabe hacerlo (Si ha estado en el mundo de la iglesia algún tiempo entonces sabe exactamente de lo que estoy hablando).

Permítame ser claro, lo que no estoy diciendo es que en el equipo de su iglesia no deberían ser buenos los unos con los otros. Pero cuando ser bueno comienza a triunfar sobre ser honesto porque no quiere experimentar la incomodidad de una conversación difícil, es no es bueno… eso es egoísta. Y cuando eso comienza a suceder todos pierden.

En su nuevo libro “The Advantage” [La Ventaja] Patrick Lencioni lo dice de este modo, “Despedir a alguien no necesariamente es una señal de responsabilidad, sino que a menudo es el último acto de cobardía de un líder que no sabe cómo, o no está dispuesto, hacer que las personas sean responsables.”

Hay un fuerte principio y mensaje claro allí en el que muchos líderes de la iglesia necesitan tomarse un poco de tiempo y luchar.

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