Pensamiento Público. El Sr. Moody raras veces respondía las declaraciones erróneas de los periódicos, pero al incio de su carrera evangelística se dijo en la prensa que estaba lucrando con su obra religiosa, entonces se refirió a las críticas. Hubo lágrimas en sus ojos, y su voz temblaba mientras decía:

“Según conozco mi corazón, ante Dios, nunca he permitido que el deseo de dinero determine mi conducta en alguna forma. Sé que soy débil y que fallo de muchos modos, pero el diablo no me ha agarrado de eso. Nunca me he beneficiado de algún dólar que se haya obtenido a través de mi obra y me duele que se me acuse de eso. Que Dios perdone a aquellos que dicen eso de mí.”

Se obtuvo más de $1,125,000 por regalías de los himnarios, los cuales fueron usados para obras caritativas. El Sr. Moody era un buen financiero; apreciaba el valor del dinero, pero nunca lo usó para amasar una fortuna; simplemente deseaba usarlo en hacer algo bueno.

En dos oportunidades el Sr. Moody hizo una negación pública de los informes de un periódico—no por obtener una gratificación personal, sino solamente a causa del daño a la obra en la que estaba comprometido. En 1877 los periódicos de Boston lo acusaron de haber comprado un caballo de carreras por el cual se dijo pagó $4,000. Al ver que estas afirmaciones estaban causando daño, el Sr. Moody hizo una aclaración precisa de los hechos en el caso. Había comprador un pequeño caballo cuya virtud especial era su dulzura como caballo familiar—no su velocidad como un caballo de carreras.  El precio, también dijo, había sido sobrevaluado, y debería ser menor a la cantidad mencionada de $3750 para ser sólo $250.

La segunda declaración que provocó una negación pública del Sr. Moody fue un informe de periódico que circuló en Richmond, Virginia, mientras que estaba conduciendo una misión en esa ciudad. Uno de los diarios locales imprimió una carta en la que el escritor decía que en cierta ocasión había oído al Sr. Moody expresarse de la manera más despectiva de los Generales Robert E. Lee y “Muro de Piedra” Jackson. Al principio fue ignorado el rumor. Posteriormente se vio que las reuniones estaban siendo seriamente afectadas y que rápidamente estaba creciendo una oposición amarga. La alta consideración del Sr. Moody por los hombres mencionados, y sus tributos públicos a su memoria no fueron suficientes para probar la falsedad de la historia ante el público. Afortunadamente sus predicaciones habían sido impresas en el momento en que se dijo que había hecho comentarios ofensivos. Negando absolutamente la acusación en una de sus reuniones, sacó a flote este hecho y desafió a todos a encontrar alguna referencia con respecto al menosprecio de algunos de los dos valientes generales, por quienes tenía la más alta consideración personal. Lo que aparentemente fue un serio obstáculo para la obra luego se volvió bueno para las reuniones y para la posterior misión exitosa.

Aunque era un amigo agradecido de la prensa pública, el Sr. Moody nunca transigió en la denuncia de sus maldades. No tuvo paciencia con el periódico del domingo, pero no pasó su tiempo condenando a los editores y reporteros de los diarios que publicaron una edición dominical. Por el contrario, pensó que ambos editores y reporteros estaban dentro de sus mejores aliados. Mientras llegaba a una audiencia limitada por las paredes del edificio donde hablaba, ellos podían llevar su mensaje a lugares que ningún ministro o misionero podían visitar. Con ayuda de ellos podía llegar a una audiencia cien veces mayor que la que podía acomodar en cualquier iglesia o salón. Así, aunque nunca halagó a los representantes de la prensa, fue extremadamente cordial con ellos y pudo conducir a muchos a la conversión.

En Gran Bretaña, la prensa, al principio con sospechas de los norteamericanos, finalmente tomó el asunto en serio, y se dedicaron informes de los sermones del Sr. Moody y los acontecimientos en los servicios. Posteriormente, a su regreso en Norteamérica, uno o dos diarios en cada ciudad en las que tenía sus grandes campañas haría informes de sus sermones, sea entera o parcialmente. Con frecuencia el mismo diario publicaría un informe  taquigráfico de todo lo que se decía, sermones, oraciones e himnos, aunque la serie de reuniones duraba tres o seis meses.

“Eso me mantuvo ocupado,” dijo una vez, “en una ciudad, seis meses, cada palabra que decía fue impresa diariamente en uno de los diarios.” Pero una de las más importantes conversiones que vino como resultado de esa serie de reuniones ocurrió, no en el salón lleno, sino en una estrecha celda en la prisión de la ciudad, donde Valentine Burke, un criminal, fue conducido a Cristo a través de la lectura de una predicación, y esta es una de las personas de las miles que se beneficiaron sin incluso escuchar el sonido de la voz del evangelista.

También se usaron las columnas de publicidad de los diarios, según los mismos principios que son reconocidos como útiles en el mundo de los negocios. “Algunos ministros piensan que no es digno publicitar los servicios,” dijo en una oportunidad. “Es más indigno predicar a los asientos vacíos, pienso.” Creía que un ministro cristiano tenía que tener una audiencia, y que los servicios, que especialmente buscaban alcanzar a aquellos que no están bajo la influencia de la iglesia, deberían llamar la atención del público a fin de que se queden sin excusa si es que no tenían ese privilegio.

Los informes de las Conferencias de Northfield pronto llegaron a ser una característica prominente del “The New York Tribune” y del “Republican” y “Union.” De cualquier forma el Sr. Moody animó a la prensa secular a dar a conocer los acontecimientos en estas reuniones de verano, asegurándoles todos los tipos de facilidades y comodidades a sus representantes.

Para que las predicaciones de la Conferencia sean preservadas de forma permanente, y que sean retenidas por aquellos que las habían escuchado, así como por aquellos que no pudieron asistir, se fundó en 1894 el “The Northfield Echoes.” Cada año se lanzan 4 números, en los meses de junio, julio, agosto y septiembre. El primero es de carácter general, que consiste de grandes artículos descriptivos de Northfield, sus escuelas, programa de Conferencias, etc. El segundo informa sobre los discursos dados en la Conferencia Estudiantil Mundial, el tercero habla de la Conferencia de Señoritas y el cuarto de la Conferencia Bíblica.

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